EMPIEZA LA HISTORIA
Otra particularidad de nuestra especie
es la necesidad de vivir en sociedades complejas que han ido evolucionando a la
par que nosotros y que son el núcleo donde prosigue la evolución cultural.
Durante el largo periodo que llamamos
“Prehistoria” el ser humano se dedicó a una economía nómada de subsistencia.
No sabemos qué es lo que pensaban,
sentían o creían, nuestros antecesores durante este largo periodo. Creo que de
alguna manera el primer ser que se puede considerar humano, sintió en su
interior unido a la aparición de la consciencia, la presencia de algo
espiritual tanto en el exterior como dentro de sí mismo. Y en cada tiempo y
lugar lo expresaron de una manera diferente.
En un principio ese conocimiento de
algo "superior" que sentían en todo aquello que les rodeaba, la luna,
el sol o algunos animales, hizo que se comunicasen con la esencia espiritual de
la naturaleza, creando las primeras religiones basadas en la magia.
CIVILIZACIÓN
Con la civilización empieza una nueva
etapa evolutiva del ser humano. Comienza el desarrollo de las cualidades
superiores y espirituales, nacen y se desarrollan cosas tan importantes como la
filosofía, la política, las religiones, las matemáticas, la astronomía, el
urbanismo y sobre todo la escritura. La escritura es uno de los avances
fundamentales de la humanidad. Y a partir del momento en el que los seres
humanos somos capaces de narrar y dejar constancia por escrito de los
acontecimientos, pensamientos o conocimientos, entramos realmente en la
Historia.
Empieza la organización social, la
"especialización económica” y el comercio. Se establecen normas y leyes, y
aparecen las fronteras, es decir se definen los territorios que corresponden a
cada Estado. Pero lo realmente importante que define a una civilización y le
hace crecer, es el cultivo del espíritu y el desarrollo consciente de las artes
y las ciencias. Aparece la necesidad de expresar las vivencias espirituales en
la materia y el ser humano empieza a investigar, a estudiar y reflexionar sobre
todo lo que le rodea y sobre nuestra propia existencia y razón de ser. Se
cultiva la Sabiduría, abarcando todo el conocimiento, al cual en las antiguas
civilizaciones, se consideraba esencialmente Divino.
Se tiende a la Belleza tanto exterior
como interior. El arte se refleja no sólo en la escultura, la pintura, los
medios audiovisuales, la música, o en los utensilios cotidianos, sino también y
sobre todo en nuestra manera de sentir y de Vivir.
Padre,
voy a realizar
algunas obras sencillas...
Transformar estos andrajos grises
en atavío de oro.
Y luego doblarlos con cuidado.
O reír de los peligros eternos...
y resistir el sueño vital... O bien,
enviar mi alma lejos, adelante,
para que regrese
teñida de los inauditos colores
de este paraje
que precede a la última
isla paradisíaca...gesto
que sólo raramente logran
los hermanos humanos,
pero yo no podré
enorgullecerme de
ninguna
de estas obras
sencillas...
La verdadera proeza,
la verdadera meta
es imitar
la sombra de tu
infinita belleza,
de tu infinita verdad,
de tu infinita bondad.
Pero no todas las poblaciones que se
tienen por civilizadas lo son realmente. La civilización o evolución de una
sociedad se mide por el grado alcanzado en aspectos como libertad, bienestar
social, cultura, respeto al individuo, armonía, conocimientos o tecnología, más
que por su poder económico y político. O lo que es lo mismo, el éxito o fracaso
en el tiempo de los principios y fundamentos nacidos de una civilización y que
es un aporte en nuestro crecimiento, dependerá de su mayor o menor cercanía a
sus pilares básicos de Belleza, Armonía y Sabiduría. Sólo lo bello y verdadero
perdura.
La evolución de la Consciencia pasa
por la necesidad de que los seres humanos asumamos nuestro crecimiento interior
alimentado por realidades superiores que amplíen nuestra consciencia de Ser y
nos conecten con los mundos superiores, con las realidades más allá de la
materia, con el mundo de Dios.
Para ello es necesario amar y vivir en
armonía con la Tierra y demás criaturas de este maravilloso mundo, amar y
respetar la dignidad de cada ser humano y saber que somos eternos.
De nada sirven civilizaciones
avanzadas si los seres humanos no somos conscientes de la presencia de Dios en
Todos y sin la vivencia de Ser Hijos de Dios.
Independientemente de que considere la
civilización como el núcleo dónde prosigue la evolución, nuestra conciencia es
individual y el tiempo una dimensión más. Así que detrás del velo, vivamos en
un poblado, en una ciudad populosa, o en mitad de la selva, la Verdad es la
misma. Lo realmente importante es cada uno de nosotros y nuestra relación
íntima con Dios. Cuanto más elaborado sea nuestro disfraz, más difícil será
romper las cadenas que nos atan a la separatividad y a las ilusiones del ego.
Hay ciertas tendencias que nos
confrontan a unos y a otros, obviando que la humanidad es una. El propósito del
individuo y de la humanidad es la evolución, el desarrollo de sus talentos, el
progreso del Alma y del Espíritu.
“Estar despiertos siempre, día y noche.
Vivirse en
la Conciencia
y en todas las diminutas conciencias
que eres:
es el camino, la meta primera
de nuestra evolución.
De hombre a Hombre Nuevo,
no modificado, sino otro, nuevo,
diferente.
Es la etapa, el momento evolutivo,
en el que la conciencia del hombre
penetra, conoce y modifica,
elevando todos los cuerpos y planos
donde es.
Su Conciencia, su Ser, su Luz, su
Poder
iluminando cada una de las energías,
de las partículas, de las células, de
los átomos
de todos los cuerpos donde su Ser
se prolonga y manifiesta.
Ese es el Hombre, Conciencia Crística.
No es esta especie la que seguirá la
evolución,
sino otra que creció en ésta.
Un Hombre que vive en todos sus planos
Conscientemente.
Vivificados por la Luz azul
de su ser íntimo que penetra y
despierta,
hasta el más oscuro abismo
de cualquier cuerpo y mundo donde
somos.
Es la alegría plena
llevada hasta el mundo más físico
que hasta en sus divinos átomos está
esperando
ese rayo azul y blanco
que lo libere de las sombras que
confunden.
La alegría, la Vida, lo que Es,
penetrando dulcemente todo.
La alegría de ser y del Ser unidas.
Ese es el gozo del Hombre:
La unidad de la Alegría Divina
y de su alegría de criatura.
Un ser así transformaría los mundos
inferiores.
y acercando más el Universo
- planeta a planeta, galaxia a galaxia
y los planos que contienen-, a su
Creador.
Hacia la Divina Mente de la que es
manifestación,
esencia y espejo.
Es un Destino maravilloso, de dioses.
Dioses sois, dijo Jesús:
Encarnación del Hijo Creador.”
Nieves B.



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